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Sobre Sistemas de Innovación Local en Cuba (Parte 3)

02 Oct
Sobre Sistemas de Innovación Local en Cuba (Parte 3)

Aporte para un marco teórico sobre los Sistemas de Innovación Local en Cuba.

Tercera entrega

 Carlos Alberto Hernández Medina.

Centro Universitario Municipal Camajuaní. Joaquín Paneca # 62. Camajuaní 52500. Villa Clara. Cuba. cahm862@uclv.edu.cu

Desarrollo

Los resultados de Bértola et al. (2006), en una investigación sobre la situación y perspectivas de la ciencia, tecnología e innovación en Uruguay desarrollada por un equipo de investigadores dela Universidad dela República, nos ponen al tanto de que desde que los gobiernos y los organismos internacionales de cooperación reconocieron la importancia de promover la ciencia y la tecnología como elementos fundamentales para la evolución de la economía han aparecido varios enfoques para el análisis e implementación de estrategias de ciencia y tecnología. Durante algunas décadas, predominaron diversas variantes del concepto de Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, asociado a un modelo lineal del proceso de innovación que concentra los esfuerzos en apoyar la producción de nuevos conocimientos y tecnologías en universidades, centros de investigación y departamentos de I+D de las empresas. Este conocimiento, codificado, luego desencadenaría un proceso que terminaría generando nuevos productos y procesos.

 Los magros resultados de las políticas basadas en estos modelos, así como los estudios empíricos de experiencias exitosas en algunos países, llevaron a desarrollar el concepto de  Sistema Nacional de Innovación como forma de expresar el carácter interactivo y dinámico del proceso innovador. Probaron también su condición de proceso de aprendizaje social, acumulativo y la importancia del conocimiento tácito en su conducción. Este novedoso concepto pretende capturar la idea de que el cambio tecnológico es un fenómeno sistémico que va más allá de las esferas de la ciencia y la tecnología en sentido estricto. Comprende desde la generación del nuevo conocimiento hasta su aplicación y su difusión al conjunto de la economía. (Bértola et al., 2006)

El concepto de Sistema Nacional de Innovación fue introducido por Freeman, Lundvall y Nelson quienes, desde diferentes perspectivas, estudiaron los mecanismos de generación y difusión del progreso técnico en países desarrollados. Coinciden en subrayar el papel de la empresa como depositaria principal del conocimiento tecnológico y el de las instituciones y mecanismos que influyen sobre la dirección e intensidad del cambio técnico. Además comparten la visión de que la innovación tecnológica es un proceso no lineal, cuyo desempeño depende estrechamente de la existencia de estructuras organizativas que posibiliten las interacciones entre los distintos agentes sociales en juego en el territorio o la localidad.

Para ellos la tecnología es, en su mayor parte, resultado de la acumulación de conocimientos por parte de las empresas. Argumentan que las firmas van acumulando el conocimiento mediante un proceso de aprendizaje interno a la empresa y justifican que lo van adquiriendo a lo largo de una trayectoria tecnológica propia. Es este el resultado de admitir que el progreso técnico es endógeno a las empresas y que éstas son su agente protagónico. Aseguran también que ese proceso es potenciado u obstaculizado por el entorno productivo inmediato a la empresa formado por redes con otras firmas del mismo y de otros sectores de la actividad económica local. El tipo de tramas productivas existentes y los conocimientos que fluyen por ellas definirán algunas características básicas del Sistema Nacional de Innovación (SNI) de un país.

Un tercer componente del SNI está compuesto por las entidades de la infraestructura tecnológica como son las universidades y agentes públicos que generan conocimiento, las interconexiones entre ellas y sus relaciones con las empresas que innovan. También influyen en el proceso de innovación las formas de organización, las convenciones y los comportamientos prevalecientes en la empresa, en su entorno y en la economía en general. En resumen, una manera de conocer el SNI de un país consiste en analizar el comportamiento innovativo de las empresas, las tramas productivas existentes, los conocimientos que fluyen por ellas y la configuración institucional del cambio técnico.

La aplicación a una economía subdesarrollada del concepto de SNI ha de realizarse con suma cautela. Como bien señalan Arocena (1998) y Arocena y Sutz en varios trabajos,  el SNI se originó en los países desarrollados como un concepto ex-post mientras que en realidades como las nuestras es un concepto ex-ante. En el mundo desarrollado el análisis de los SNI ha ayudado a entender las distintas trayectorias y modalidades existentes. En los países en desarrollo ha sido utilizado principalmente como un modelo que permite detectar las debilidades y obstáculos que impiden un mejor desempeño innovador, que por su mismo carácter sistémico, tienen un profundo impacto en la competitividad del país y en la calidad de vida de la sociedad.

Ver al proceso de innovación como sistema supone que ella penetra al conjunto de las actividades sociales. Lo hace tanto con la producción, transferencia, adopción y consumo de bienes, servicios y conocimiento, como con las diferentes organizaciones vinculadas como las empresas, dependencias estatales y comunales, organizaciones no gubernamentales, sistemas educativos, hogares y consumidores en general.

Aunque las empresas, los gobiernos y los mercados juegan un papel decisivo, la intensidad y frecuencia del proceso innovador depende de un entorno político, social, cultural y económico más amplio. En el se realiza un variado conjunto de intercambios y procesos no mercantiles, científicos ni productivos que son esenciales. Son las particularidades de estos sistemas integrales los que explican los dispares desempeños económico-sociales entre países, territorios y localidades.

 Hace algunos años tuvo una gran repercusión una obra colectiva sobre…“el nuevo modo de producción de conocimiento”. La idea central planteada por los autores es que existe actualmente una transición en las características de las prácticas de investigación desde lo que denominan un “Modo1”a un “Modo2”.

En el primer modo la investigación tiene lugar en un contexto fundamentalmente académico, se organiza en torno a las disciplinas, se realiza por equipos estables, que trabajan en el “contexto de descubrimiento” en instituciones también estables, respondiendo preguntas que surgen principalmente desde ‘el interior’ de la ciencia. Sus resultados impactan en la sociedad al ser difundidos por actores diferentes a los investigadores, luego de ser evaluados por ellos mismos al interior de la comunidad científica y de sus propias disciplinas.

 En el “Modo2”la investigación se realiza principalmente orientada a la aplicación, de manera transdisciplinaria, se organiza a través de equipos a término, trabajando sobre problemas que se plantean desde ‘el exterior’ de la academia, produciendo resultados en distintas instituciones y lugares que se vinculan de diversas maneras. Sus resultados son evaluados no sólo por los pares científicos, sino respondiendo a un amplio espectro de intereses, e impactan en la sociedad desde el momento de la definición de los problemas y prioridades, en el inicio del proceso de investigación.

En realidad, es muy posible que nunca haya existido un Modo 1 en forma pura, sino alguna combinación, variable según áreas del conocimiento, grado de  avance del conocimiento, problemas de la realidad y contextos socio-económicos. También es probable que realmente se asista  hoy a una nueva combinación altamente variable de acuerdo al campo de estudios y al problema considerado  de ambos modos más que a una transición o contraposición.

 Esta discusión planteada por Gibbons y sus colegas tiene cierta relación, aunque no directa, con otro libro de gran repercusión publicado al mismo tiempo por Ziman. En el planteaba, entre otras cosas, los cambios en proceso, a fines del siglo XX, en las prácticas de la investigación de científicos y tecnólogos. En ellas se observa, según el autor, un paso del comportamiento según las clásicas normas mertonianas a formas nuevas, basadas en nuevos principios. El paso de CUDOS (Comunalismo, Universalismo, Desinterés, Originalidad y escepticismo) a PLACE (Propiedad, Local, Autoritario, Comisionado, trabajo Experto).

Estas discusiones conceptuales pueden parecer arbitrarias al  realizar propuestas de políticas científico-tecnológicas. Sin embargo son importantes para mostrar que el mayor desafío para nuestros países es la imprescindible transformación de la valoración social dela Cienciae Innovación Tecnológica. Lo debemos hacer complementando la visión predominante, orientada a “descubrir”, con una visión orientada a “resolver problemas”. Esto la vinculará no sólo con la cultura sino también con la economía y el desarrollo del país. Debemos hacer énfasis no sólo en la generación de conocimiento nuevo sino en su uso y aplicación en la solución de los problemas locales. Es imperativo situar ala Cienciae Innovación Tecnológica como un área ineludible a la hora de considerar cualquier estrategia sustentable de desarrollo nacional y local.

Para la aplicación de esos conceptos, es necesario señalar algunas afirmaciones que se derivan de ellos:

Las capacidades de innovación son fuente de ventaja competitiva: El objetivo de las políticas de Ciencia e Innovación Tecnológica (CeIT) es contribuir a la expansión de las capacidades innovadoras y creativas de la sociedad.  Sobre ellas se apoya, en altísimo grado, el desarrollo de la localidad y el país. Esas capacidades, canalizadas a través de un eficiente sistema de estímulos, que abarca actores públicos y privados, en un contexto de una dinámica inserción regional e internacional, deben traducirse en mejoras de la capacidad competitiva tanto de las empresas individuales como del entramado social y productivo local considerado como sistema.

La competitividad debe ser el sustento de un desarrollo equitativo: La expansión de las capacidades innovadoras, como base de la competitividad internacional y del modelo de crecimiento, no puede estar desligada,  por razones éticas y de eficiencia, de formas justas de distribución de la riqueza y del poder político, social y económico. La competitividad debe ser sustento de desarrollo local integrador y equitativo, democrático y transparente.

Se necesitan reglas claras y estables del entorno institucional: La existencia de entornos institucionales favorables a la innovación es la clave del desarrollo local integral, económico y social. La innovación como proceso sistémico necesita de una cultura apropiada y de entornos institucionales que la promuevan. La innovación no es resultado de actos voluntaristas ni de construcciones institucionales impuestas, poco relacionadas con la práctica cotidiana y de difícil aplicación y seguimiento. Es un proceso lento, acumulativo, con muchos componentes rutinarios. Necesita también la existencia de amplio consenso político y social que asegure la persistencia de las políticas, a pesar de movimientos políticos circunstanciales.

Las políticas de innovación como pilar del desarrollo tienen un componente transversal: Una consecuencia del enfoque sistémico es que existen múltiples áreas o dimensiones de política que tienen una incidencia directa sobre las capacidades innovadoras de una sociedad. La creación de un ambiente amigable a la innovación sólo es posible con políticas coordinadas en áreas como educación, investigación, producción, tributaria y financiera. Las políticas transversales buscan evitar la fragmentación de la capacidad innovadora, la creación de dualismos y la subestimación de  las capacidades de diferentes actores llegando al conjunto del tejido socio-económico. Constituyen una importante herramienta para contrarrestar particularismos y conductas buscadoras de ganancias a toda costa.

Las políticas específicas deben ser complemento de las transversales: Junto a los instrumentos horizontales de política que apoyen proyectos o ideas innovadoras, independientemente del sector económico o área del conocimiento de que provengan, es necesario desarrollar políticas específicas: sectoriales, locales, empresariales, de tramas productivas o polos de desarrollo, que partan de una identificación de áreas estratégicas del conocimiento y de la economía. Dichas políticas sectoriales deberán aplicar recursos y capacidades específicas, ya sea por su impacto social (empleo, ingreso, género), su capacidad de penetración exportadora, su importancia en la frontera de la ciencia o por su impacto local.

 

Espere la cuarta entrega el jueves próximo

 

 
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Posted by on October 2, 2012 in Uncategorized

 

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